TESTIMONIO DE UN DESCONOCIDO

A veces pienso que a Dios se le cayó a la tierra el gran espejo donde se miraba y se hizo “infinitos añicos”. Cada uno de nosotros tenemos en posesión un trocito de ese espejo donde reflejamos una partecita de Dios.
Pues bien, yo creo que a Juan Pedro Cubero, Dios le regaló tantos trozos de espejo que no tengo espacio para enumerar. Me quedo con con uno que me parece importante y ese es el que destaco.
Era Juan Pedro, profundamente humano. Sabía tocar y hacerse presente de alguna manera; una carta o una presencia cuando te tocada el “triunfo”; una presencia y una carta, “mojándose” hasta sangrar cuando el dolor acuciaba. Reflejaba así lo divino.
Jesús tuvo compasión de él y le dijo: “Ven bendito de mi Padre a gozar del Reino que desde el principio te tengo preparado porque ya has encarnado las Bienaventuranzas”. 
Juan Pedrop, intercede por nosotros ante el Señor y muchas gracias por ser como fuiste.
La parroquia del Cristo y de Santa Teresa, te queremos.

 

Un desconocido